Por Dra. Lorea Martínez

Mis dos hijas discuten. Discuten mucho. Pueden jugar muy bien juntas, pero en algún momento, el juego se va por mal camino, y las emociones crecen. “Te dije que no hicieras eso. No quiero que toques mis juguetes”, dice una de ellas, mientras que la otra lo continúa haciendo para fastidiar a su hermana. Las puedo escuchar poniéndose cada vez más enfadadas,  pero espero que puedan resolver el problema por sí mismas. Por desgracia, terminan gritándose la una a la otra, y diciéndose cosas hirientes: “ya NUNCA más quiero jugar contigo. Eres una mala hermana.” En ese momento, intervengo y les pido que se tomen un descanso.

Si tienes más de un hijo o hija, probablemente conoces bien este tipo de situaciones: una de los niñas quiere controlar el juego, y la otra pone resistencia; discuten al respecto, hay sentimientos heridos, y terminan explotando. Si bien estas situaciones pueden ser muy estresantes para los padres, presentan una excelente oportunidad para enseñar a nuestros hijos e hijas una importante habilidad social y emocional: la capacidad de gestionar las emociones.

Gestionar las emociones significa ser capaz de nombrar, interpretar y procesar nuestros sentimientos. Piensa en las emociones como si fueran un termómetro. Si la temperatura es demasiado alta, lo más probable es que tus hijos e hijas se sientan “fuera de control”, y su capacidad para pensar con claridad y tomar decisiones se verá afectada. Cuando los niños y niñas están en esta zona, es más probable que exploten y muestren comportamientos negativos, como gritar o golpear. Como padres y madres, nuestro objetivo es enseñarles a reconocer cuándo sus emociones se están intensificando, para que puedan procesarlas y regresar a la zona segura.

 

Estas son algunas estrategias que ayudarán a tus hijos e hijas a gestionar sus emociones:

  • ¿Qué sientes? Ayuda a tus hijos a notar en qué parte del cuerpo sienten las emociones. ¿Sienten el estómago apretado? ¿Sienten una sensación de ardor en la garganta? Luego, ayúdalos a describir y expresar sus sentimientos: “Estoy molesta, porque mi hermana está tocando mis juguetes”. Al principio, puede que necesiten ayuda para encontrar palabras que describan lo que sienten. Puedes usar esta rueda de emociones para apoyar a tu hijo o hija.
  • ¿Cómo es de alta la temperatura de tus emociones? Imprime este termómetro y ayuda a tu hijo o hija a identificar la intensidad de sus emociones. ¿Están en la zona segura, y pueden pensar con claridad sobre su comportamiento? ¿O están en la zona de peligro y se sienten fuera de control? Si los niños o niñas están muy molestos, es posible que debas esperar hasta que se hayan calmado antes de poder usar esta herramienta. El objetivo es que los niños y niñas se den cuenta de cuándo sus emociones se están intensificando, para que puedan calmarse antes de que su temperatura continúe aumentando.
  • Enseña estrategias para calmarse. Si los niños y niñas están en la zona de peligro, van a necesitar apoyo para calmarse. Hay muchas cosas que los niños y niñas pueden hacer para disminuir la intensidad de sus emociones: pueden tomar un descanso del juego y separarse de su hermano o hermana, hacer una pausa y contar hasta diez, tomar 3 respiraciones profundas, jugar con un elemento que los haga sentir seguros (una manta especial o un animal de peluche), o tal vez se pueden sentar contigo unos minutos. Al principio, los niños necesitarán tu ayuda para usar estas estrategias. Necesitarán ponerlas en práctica contigo. Con el tiempo, podrán hacerlo de forma independiente con poca o ninguna ayuda. La mejor manera de enseñarles estas estrategias para relajarse es cuando las cosas van bien y todos están tranquilos y contentos.
  • Ofréceles una alternativa. Cuando los niños muestran comportamientos negativos, están comunicando que algo no les está funcionando. Proporcionar a los niños ejemplos de comportamientos alternativos les indica que tienen otras opciones cuando están en conflicto con un hermano o una hermana. Por ejemplo, puedes sugerirles que usen sus palabras para comunicar el problema, que jueguen a otra cosa o que busquen a un adulto que les ayude a resolver el asunto. La clave es enseñar a los niños que se pueden evitar los comportamientos que hacen daño.
  • Hacer las paces. Cuando se hieren los sentimientos, podemos ayudar a nuestros hijos e hijas a hacer las paces. La idea es ayudar al hermano que hirió los sentimientos de la otra persona a asumir su responsabilidad, y ayudar a la persona herida para que pueda sentirse mejor. ¡A veces los niños tendrán que hacer ambas cosas, porque se sintieron lastimados, y lastimaron al otro también! Hacer las paces puede tomar la forma de una disculpa, reemplazar lo que se rompió o hacer un acto de amabilidad. Ayuda a tus hijos e hijas a decidir cómo les gustaría reparar su daño, pero no lo fuerces. Hacer las paces no debe forzarse, los niños deben hacerlas, porque se dan cuenta de que su comportamiento no fue apropiado y quieren hacer algo para que el hermano o hermana se sienta mejor.

Aunque mis hijas todavía quieren jugar juntas después de pelearse, mi objetivo es ayudarlas a reconocer cuándo están a punto de explotar, para que puedan elegir hacer algo diferente en lugar de gritar, golpear o decir palabras hirientes. Enseñar a los niños y niñas a gestionar sus emociones es una excelente manera de reducir las peleas entre hermanos y prepararlos para tomar mejores decisiones. Cuando se producen conflictos, podemos ayudar a los niños y niñas a resolverlos de manera positiva y a hacer las paces cuando hayan sentimientos heridos.

Hasta la próxima, ¡Happy Parenting!

Dra. Lorea Martínez
La Dra. Lorea Martínez es consultora e investigadora de aprendizaje social-emocional (SEL), y apoya a escuelas, maestros y familias que adoptan las prácticas de SEL. Es miembro de la facultad de la Summer Principals Academy en el Teachers College de la Universidad de Columbia. Está trabajando en su segundo libro para maestros: Teaching with the HEART in Mind. Con frecuencia escribe en blogs sobre cómo incorporar SEL en las prácticas de enseñanza y crianza de los hijos.
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